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Desde hace unos días la violencia en el deporte ha saltado a primera plana en diarios deportivos e informativos. La causa fue un incidente sucedido en Mallorca, en el que los padres y aficionados de dos equipos infantiles se enzarzaron en una pelea en la grada.

Más allá de comentar lo sucedido (que creo que a estas alturas es de sobra conocido por todo el mundo del deporte), voy a tratar de hacer un breve análisis sobre la situación global de la violencia en el deporte, los agentes implicados y el seguimiento que se hace en estos casos.

Antes de nada, me gustaría mostraros unos cuantos datos referentes al número de licencias deportivas en España:

Figura 1. Número de licencias federativas en España.

Según datos del Consejo Superior de Deportes para 2015 (último registro) estos son los 26 deportes con más ferados en nuestro país (la lista total contiene 66 deportes). El fútbol es el deporte con mayor número de fichas (909.761) seguido del baloncesto (355.845).

Esta realidad en la práctica deportiva se ve reflejada en la información que llega a nuestras casas: el fútbol ocupa casi la totalidad de la mayor parte de programas deportivos que vemos en nuestro televisor, por eso suelen hacerse eco de todas aquellas noticias que puedan ayudar a completar su programa. Conviene no olvidar que uno de los objetivos de estos medios es que la mayor cantidad de personas posibles sintonice su canal, por ello a veces el tratamiento de estos sucesos se encuentra entre la información y el morbo. Este es un punto a tener muy en cuenta, puesto que sucesos como el de Mallorca son un gancho perfecto.

¿El problema? Que el tratamiento de estas noticias nos puede llevar a caer en el error de pensar que la violencia es un mal endémico del fútbol. La violencia en el deporte es extensible a todos, si bien es verdad que en el caso del futbol hay un mayor número de practicantes, un mayor número de eventos y partidos cada fin de semana y por lo tanto hay un mayor número de oportunidades para que esta violencia se dé. 

Comentábamos en el post anterior que los valores los dan las personas, no el deporte por sí solo. Así que más que fijarnos en el deporte que se practica en relación a la violencia, deberíamos fijarnos en qué se hace, o qué se deja de hacer, para que se den este tipo de comportamientos. No debemos olvidar que tanto padres como entrenadores son referentes y modelos a imitar por los jugadores así pues, hasta el más mínimo detalle tiene importancia.

Figura 2. Amigos dentro y fuera de los terrenos de juego.

Pongamos una serie de ejemplos con los que de manera consciente, o no, estamos favoreciendo la aparición de conductas violentas:

  • Entrenadores: <<A ese hay que pararlo como sea, o pasa el balón o él, los dos no, >> <<Somos demasiado blandos atrás, tenemos que repartir más>> son comentarios que pueden llevar a una mala interpretación por parte de los jugadores y por consiguiente a una conducta violenta. Conviene centrar nuestros comentarios en aspectos técnico-tácticos que ayuden a la mejora del juego.
  • Padres: Muchos padres viven el deporte de sus hijos con una intensidad desmesurada, que puede desembocar en enfados por decisiones del entrenador, árbitro o incluso los propios jugadores. Conviene no olvidar que los niños están en una escuela deportiva para formarse y aprender, y que un comportamiento desde el enfado continuado podría afectar a su foco atencional, a su toma de decisiones y a su formación.
  • Niños: Debemos trabajar para que entiendan e interioricen los lances del juego y no tomen como algo personal las decisiones del entrenador, árbitro o de los demás jugadores (tanto compañeros como rivales). Esto ayudará a una mejor regulación emocional y a que estén centrados en el juego.

 

El trabajo en la prevención de conductas violentas es continuo y multinivel. En otras palabras, es necesario contar con un profesional cualificado que ayude al club a trabajar con padres, entrenadores, directiva y con los propios niños. Soluciones puntuales como la expulsión de padres del club o las multas económicas pueden funcionar a corto plazo, pero no debemos olvidar que con estas medidas trabajamos la consecuencia (violencia) y no aquello que lo provoca.

Si nos limitamos simplemente a poner parches y no trabajamos la fuente del problema, hay una gran posibilidad de que el episodio de violencia se vuelva a repetir. Por ello, debemos ser conscientes de la importancia de trabajar para prevenir este tipo de episodios de una  manera efectiva que vaya más allá de gestos puntuales.

 

Referencia bibliográfica:

  1. Portal del Consejo Superior de Deportes. (2017). Csd.gob.es. http://www.csd.gob.es/csd/asociaciones/1fedagclub/03Lic/view.

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Pedro Garcia Montañes

Redactor DM
Graduado en Psicología (UV) y Máster en Psicología del deporte (COP-CV). Me apasiona el trabajo con los equipos base ayudando a fomentar la educación en valores, el bienestar y el disfrute por el deporte, sin dejar de lado el rendimiento deportivo.

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