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La escalada, en todas sus modalidades (escalada clásica, escalada deportiva, bloque) se ha vuelto un deporte muy popular que cada día cuentan con más adeptos. El rendimiento en la escalada es cada día más alto. Desde que Jerry Moffat escalara “The Face”, primera vía graduada de 8a+/b (grado X de la UIAA) en 1983 y posteriormente el icónico Wolfgang Güllich se llevara “Acción Directa”, el primer 9a de la historia de la escalada deportiva, han surgido nuevos métodos de entrenamiento indoor para poder conseguir estos objetivos cada vez más ambiciosos, y con ellos, el número de lesiones se ha multiplicado.

Actualmente la gran mayoría de lesiones en escaladores se producen debido a una sobrecarga, más que por un trauma agudo.

Pese a que la escalada reciba una mala opinión pública por el “alto riesgo” que conlleva su práctica (salga a relucir el tema de los últimos cobros de rescates en montaña ya que la escalada ha pasado desde la nueva normativa de 2014, actividad de riesgo) la realidad es que las tasas de lesión por 1000 horas de deporte practicado son muy inferiores a las de otros deportes que asumimos de práctica cotidiana.

Comparando los estudios de varios autores: Schöffl (1) estimó la tasa en 0.079 lesiones por 1,000 horas de deporte indoor, Neuhof (2) en 0.2 lesiones por 1,000 horas de escalada deportiva, Schussman (3) en 0.6 lesiones por 1,000 horas de montañismo y Backe (4) en 4.2  por 1,000 horas de escalada en todas sus modalidades. Estas tasas son muy inferiores comparadas con motociclismo con 13.5 por 1,000 horas de deporte (5), jugar a fútbol con 31 por 1,000 horas (6), balonmano con 50 lesiones por 1,000 horas (7) o incluso el hockey sobre hielo con 83 lesiones por 1,000 horas (8) o rugby con 286 lesiones por 1,000 horas de deporte (9). Pasando al tema principal que nos atañe, las zonas que con más frecuencia se lesionan son los dedos y los hombros. En este artículo voy a centrarme en las lesiones de la mano y dedos.

 

Figura 1. De izquierda a derecha: Posición típica de regleta en arqueo. Agarre de monodedo. Regleta cogida en semi-arqueo. Regleta en extensión de tipo fisura.

POLEAS

La posición que adoptan los dedos al coger una regleta es muy específica y resulta en una carga para las articulaciones, pero sobre todo para las poleas (Fig. 2). En este tipo de agarre, las articulaciones interfalágicas distales (ID en la imagen) están hiperextendidas (Fig. 1), mientras que las interfalángicas proximales (IP) están flexionadas a 90º o más, lo que resulta en cargas muy altas (3 o 4 veces la fuerza que está actuando sobre la yema del dedo) sobre las poleas, especialmente A2 y A4. Este roce excesivo del tendón con la polea puede resultar en la lesión más característica de los escaladores, la rotura de polea, que habitualmente es cerrada. Cuando esta se produce podemos escuchar (incluso escuchar el asegurador) un “clic”. ¿Cómo diagnosticarla? Básicamente por la historia y el examen visual donde veremos el tendón en “cuerda de guitarra” y que es doloroso a la palpación. Para confirmar, una ecografía o una resonancia son la mejor opción.

Figura 2. Anatomía del dedo.

En cuanto al tratamiento, se ha visto queel conservador es igual de efectivo que el quirúrgico. Reposo, anillos de protección y 2 o 3 meses de paciencia consiguen en la mayoría de los casos una buena recuperación. En casos con rotura de dos o más poleas o roturas sucesivas de una misma polea se ha visto más efectivo el tratamiento quirúrgico.

 

TENDONES

Como segunda lesión más destacada hablaré sobre la tenosinovitis crónica. Para identificarla la podríamos ver como una palpación dolorosa de las poleas y dedos que perdura en el tiempo, más doloras durante la actividad o las horas posteriores. Es el “típico” dolor de dedos del que muchos escaladores se quejan al día siguiente de un duro entrenamiento. Se produce por una sobrecarga e inflamación sostenida del tendón y de la vaina articular.

El tratamiento reside en una disminución en la intensidad del entrenamiento y un estricto control de la posición de regleta, que debe ser evitada. Se puede combinar con analgesia sistémica o incluso infiltraciones de esteroides locales en casos graves y recurrentes, según nuestro médico vea adecuado.

Lo frustrante de esta patología es que el dolor puede ceder y recurrir al tiempo, llegando a doler durante temporadas mayores a un año. Pese a eso, el pronóstico es bueno y el tratamiento quirúrgico rara vez es necesario. Otro tipo de lesión de los tendones son aquellas asociadas a mono/bidedos. Cuando cogemos este tipo de agarres, todos nuestros dedos están completamente flexionados sobre la palma, mientras que el dedo que coge el monodedo está prácticamente extendido (Fig. 2). La flexión del resto de los dedos hace que aumente la fuerza en ese dedo hasta en un 50% comparado con lo que sucedería si todos estuvieran extendidos. El hecho de que sólo un músculo del antebrazo (que es la extensión del tendón que está cargando la fuerza del monodedo) esté soportando toda la carga, hace más fácil su desgarro o lesión. Cuando esto sucede lo sentimos como un dolor agudo en la palma de la mano que puede descender hacia el antebrazo. Este dolor reaparece cuando se cogen mono/bidedos pero no cuando coges agarres de todos los dedos (cazos, regletas amplias…).

El tratamiento consiste en bajar la intensidad o incluso reposo. Para evitar la formación de tejido cicatricial es muy importante estirar inmediatamente tras la lesión y continuar con estos ejercicios hasta la curación e incluso después. Esto hará que se recuperen las características biomecánicas del tendón haciendo menos probable una nueva lesión sobre esta zona ya afectada.

 

SECUELAS DE LA PRÁCTICA PROLONGADA DE LA ESCALADA

Especialmente en los escaladores de alto nivel, que han abusado durante años de agarres pequeños con altas cargas de impacto en los huesos de los dedos se han observado cambios en la radiografía (como disminución de la capa cortical, osteofitos o esclerosis subcondral), aunque no se ha demostrado que esto conlleve una artritis degenerativa de las articulaciones de la mano mayor que en la población que no practica la escalada. Hemos de comentar, como caso aparte, la práctica de escalada de alto nivel en niños y adolescentes jóvenes (hasta los 17-19 años), donde el cartílago de crecimiento puede verse afectado por la sobrecarga, produciendo secuelas como necrosis o fracturas del cartílago. Por ello tan pronto como se detecte dolor en los dedos en este perfil de escaladores sin un traumatismo evidente, deberían ser valorados por el médico adecuado.

 

VENDAJES O TAPPING DE DEDOS

En cuanto al “tapping” o vendajes que los escaladores nos hacemos cuando nos duele un dedo para proteger de la lesión, se ha visto que tiene utilidad cuando existe una rotura en la polea, de forma que disminuye la carga en la misma, pero no tiene utilidad en poleas sanas, de forma que no se ha visto que prevenga la lesión ya que no reduce la carga sobre la polea (10,11). Lo que sí se ha visto es que al limitar la flexión de esa articulación interfalángica es verdad que no se carga tanto dicha zona. En definitiva lo más importante en cuanto a la prevención de lesiones es un correcto calentamiento, evitando la posición de regleta pronunciada. Un buen calentamiento implica unas 3-4 rutas de unos 40 movimientos de intensidad creciente. Se ha visto que los 100-120 movimientos primeros durante la escalada soportan hasta un 30% más de carga que los posteriores, sobrecargando el efecto “cuerda de arco” de los tendones sobre las poleas, por lo que un buen calentamiento será decisivo para evitar lesiones.

 

Referencias bibliográficas:

1. Schoffl V, Winkelmann HP. Accident statistics at “indoor climbing walls”. Sportverletz Sportschaden. 1999;13:14–6.

2. Neuhof A, Hennig FF, Schoffl I, Schoffl V. Injury risk evaluation in sport climbing. Int J Sports Med. 2011;32:794–800.

3. Schussman LC, Lutz LJ, Shaw RR, Bohnn CR. The epidemiology of mountaineering and rock climbing accidents. Journal of Wilderness Medicine. 1990;1:235–48.

4. Backe S, Ericson L, Janson S, Timpka T. Rock climbing injury rates and associated risk factors in a general climbing population. Scand J Med Sci Sports. 2009;19:850–6.

5. Mannering FL, Grodsky LL. Statistical analysis of motorcyclist’ per- ceived accident risk. Accid Anal Prev. 1995;27:21–31.

6. Junge A, Dvorak J. Soccer injuries: a review on incidence and preven- tion. Sports Med. 2004;34:929–38.

7. Wedderkopp N, Kaltoft M, Lundgaard B, Rosendahl M, Froberg K. In- juries in young female players in European team handball. Scand J Med Sci Sports. 1997;7:342–7.

8. Molsa J, Kujala U, Nasman O, Lehtipuu TP, Airaksinen O. Injury pro- file in ice hockey from the 1970s through the 1990s in Finland. Am J Sports Med. 2000;28:322–7.

9. Gabbett TJ. Incidence of injury in amateur rugby league sevens. Br J Sports Med. 2002;36:23–6.

10. Schweizer A. Biomechanical effectiveness of taping the A2 pulley in rock climbers. J Hand Surg. [Br] 2000;25:102–7.

11. Warme WJ, Brooks D. The effect of circumferential taping on flexor tendon pulley failure in rock climbers. Am J Sports Med. 2000;28:674–8.

12. Sckweizer A. Sport climbing from a medical point of view. Swiss Med Wkly. 2012;142:w13688.

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Graduada en Medicina por la UV a partir de mayo de este año. Investigadora y amante de la medicina de montaña. Años de experiencia en escalada y montaña.

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