Si te gusta, compárteloTweet about this on TwitterShare on FacebookShare on Google+Share on LinkedInPin on Pinterest

Hoy en el Blog de Deporte Multidisciplinar contamos con tres aportaciones de lo que hemos llamado: “Ese maldito Factor X”. Hay ocasiones en las que las recuperaciones y readaptaciones tienen un trágico final pese a tener todas las pruebas funcionales superadas y todos los objetivos alcanzados. En ocasiones un nubarrón de mala suerte y en otras ocasiones decisiones controvertidas hacen que los deportistas recaigan cuando veían el final del túnel. ¡De las recidivas no se atreve a hablar nadie, pero sí… EXISTEN!

En este post vamos a hablar de ellas con tres profesionales que conviven día a día con las lesiones y que cada uno a su forma, opinará sobre “Ese maldito Factor X” y cómo lo sufren en su día a día e intentarán ponerle nombre.

Era una tarde tranquila y soleada de un Mayo valenciano, el sol apretaba fuerte pero dejaba respirar. Las condiciones eran óptimas después de 8 meses, tras casi dos meses de entrenamientos y partidos de régimen interno llegaba el día, tocaba debutar, tocaba salir a la luz tras meses de trabajo a la sombra.

Corría el minuto 70 cuando los aficionados apretaban fuerte las manos para ovacionar la salida al campo de lo que a priori era una tarde tranquila, soleada de Mayo. La sonrisa lucía plena, el equipaje impecable, la media a ras de tibia y las botas brillantes. Las sensaciones fueron buenas, primeros toques fáciles, primeros “driblings”, primeras paredes, primeras llegadas…

Y como toda historia de terror, el sobresalto llegó sin avisar. Una falta que lanzaba como ya había hecho en otras ocasiones se quedó corta, recogió el rebote decidido y pleno de confianza, en vez de jugar fácil, disputó el balón entre dos contrarios. Es aquí donde la fisioterapia empezó a destrozarme, donde la empatía recorrió entero mi cuerpo, donde por momentos todo se vino abajo.

Él protegió el balón, su cuerpo estaba fuerte pero un desequilibrio le hizo caer, y cayó como ya había caído en infinidad de veces antes, pero su cuerpo no cayó con él. Su cuerpo posterior, su rodilla en rotación interna y abducción contra una carga de unos 75 kg en una jugada tan rápida como desafortunada, su grito al caerle encima el rival, su desesperación por no creerse lo que estaba pasando fue el momento en el que la fisioterapia empezó a destrozarme.

Un nubarrón recorrió durante semanas mi mente y a día de hoy sigo sin ponerle un nombre concreto a lo que tristemente, o al menos mi mente, ha terminado llamando ese “Maldito factor X”. Porque después de ocho meses de trabajo combinando la oscuridad del gimnasio con la luz propia que le aportaban sus compañeros, de superar etapas, de superar momentos anímicos bajos, de superar pruebas isocinéticas, de superar trabajos de fuerza, de salto, de superar las cargas en el campo, cargas en el gimnasio, de encontrarse bien, de cuidarse más y mejor. Aquella tarde tranquila y soleada de Mayo acabó como nadie imaginaba… volviendo al punto de partida, a poner la cuenta a cero, a volver a empezar.

Tenemos la mejor profesión del mundo, estoy convencido de ello, pero en ocasiones ese “Maldito factor X” nos destroza la fisioterapia y hace tambalear los cimientos de nuestros métodos. Se nos pide perfección y en ocasiones a tiempos muy cortos, se nos pide empatizar con los jugadores hasta puntos inalcanzables para otros miembros del cuerpo técnico, se nos pide a la vez ser fríos y tajantes con aquellos que depositan la confianza en nosotros, se nos exige sin pedirlo que la sonrisa nos persiga sin importar el día, el momento o la hora y lo hacemos… Lo hacemos porque nos gusta nuestra profesión,  y tenemos hambre de conseguir ponerle nombre y apellido a ese “Maldito factor X”.

La gran diferencia que he podido comprobar en el mundo de la fisioterapia deportiva y más en la cantera de un equipo profesional es, que se nos pide perfección y en ocasiones a tiempos muy cortos, se nos pide empatizar con los jugadores hasta puntos inalcanzables para otros miembros del cuerpo técnico, se nos pide a la vez ser fríos y tajantes con aquellos que depositan la confianza en nosotros, se nos exige sin pedirlo que la sonrisa nos persiga sin importar el día, el momento o la hora y lo hacemos… Lo hacemos porque nos gusta nuestra profesión, y tenemos hambre de conseguir ponerle nombre y apellido a ese “Maldito factor X”.

Este ejemplo para muchos es anónimo, pero fue un caso real, un caso donde estando todo bien, un factor con el que nadie contaba acabó ganando. Todos y creo que quién más quién menos sabe seguir los pasos de una rehabilitación de cruzado o de cualquier lesión, pero

hay casos en los que la suerte o en este caso la mala suerte es más protagonista de lo que desearíamos.

Hablando con otros profesionales y compañeros que viven el día a día la lesión como en mi caso, me he dado cuenta que desgraciadamente es algo que ocurre y que está en nuestro día a día.

 

El deporte es la hostia. Os lo digo porque lo conozco de cerca. Todo te lo da, pero también te lo quita. Si tuviese que utilizar adjetivos, creo que no acabaría. Lo que tengo claro es que el movimiento, es vida”.

Nos gusta el deporte. Y nos da muchas cosas. Entiendo que a veces es sufrido, te pone de mal humor, incluso te da dolores de cabeza -eso ya lo hablaremos tú y yo más tarde-. Pero, ¿acaso podrías vivir sin él? Lo necesitamos. Porque forma parte de nuestro día a día, y hasta nos hace felices.

Ahora bien, ¿y cuando te va mal en el deporte?, ¿cuándo no te sirve de salida para liberarte de tu otro yo o de tus otros problemas?, ¿cuándo el deporte que haces se convierte en el problema? Porque también hay parte mala en el deporte: no conseguir objetivos, estar lejos de expectativas, lesiones, pensamientos negativos, malas conductas, inestabilidad social, y un largo etcétera que todos hemos pasado por ello.

Nunca me he lesionado. Nunca he pasado por tener que estar apartado de aquello que me da la vida -porque es así, te la da-. Porque hay personas que se levantan para entrenar y duermen entrenando. Y es un día a día, que está lejos de muchos. Porque ser deportista, del deporte que sea, no es nada fácil. Y menos fácil cuando pasas por no poder hacer lo que más te gusta. Menos fácil cuando estás lesionado.

Pero como todo en la vida; tropiezos, injusticias, errores, malas decisiones… te da otra oportunidad. Y yo la lesión la veo así.

La lesión es una oportunidad. De madurar, crecer, ser más fuerte y mejor deportista. Es el proceso de valorar lo importante. De ser”.  

Un día hablé con un amigo y doctor sobre este tema. Y le conté por qué a día de hoy sigo siendo empático con el deportista. Empático me refiero a que el día 0 (para los que no sabéis que es el día 0, os lo cuento; el día 0 es cuando el deportista sabe que está lesionado, y tú lo sabes. Es esa conexión que duele por un instante, porque jode, revienta, tanto al deportista como al fisioterapeuta. Porque hay que ir con la verdad por delante. Y para el deportista lo peor que hay en el deporte es la lesión) es el día de comprensión. Y ese día “te destroza”.

Después de este paréntesis, os sigo diciendo. Ah! ¿Por dónde iba? Ya sé.

Mi amigo me reconocía la labor por el deportista. “Lo has hecho todo, pero  a veces no se consigue”. Como mi compañero Luis Escudero nombra al “Factor X“. Yo entonces en aquella conversación tan amena, lo llamé de otro modo. Lo comparé con la película “The Guardian” -para quien no la haya visto os la recomiendo, es de mis preferidas-. Va de la historia de un rescatador de alta mar. En una escena, le preguntan por el número de personas que ha salvado. -Ya que era noticia en todos los periódicos su gran labor por salvar vidas-. Y él le contesta que no se acuerda de cuantas personas ha salvado. Pero lo que si que se acuerda es de aquellas a las que no ha podido salvar.

Os dejo unos segundos de reflexión para que comparéis lo que os acabo de contar. Con la labor del fisioterapeuta con el deportista.

“Yo a día de hoy no me acuerdo de cuantos deportistas he recuperado. Pero de quienes sí que me acuerdo son de aquellos que no he podido recuperar”.

Ese es mi “Factor X“. Y sí, maldito Factor X. Porque el resto es tan bonito…”

 

Ese maldito Factor X

Quizás sea porque les dan una asignatura llamada seguridad deportiva,  les obligan a realizar trabajos preventivos y de recuperación funcional para poder sacarse el curso de entrenador, sin ser fisioterapeutas además de obligarles  a  estudiar anatomía humana,  que mucho “entrenador”, y lo pongo entre comillas, porque no se dedican a entrenar, se crean con la libertad de juzgar y decidir periodos de recuperación, simplemente por tener jugadores impares para una tarea, o porque se creen con la potestad de decidir que a un jugador le hace falta masaje después de un partido.

Así empiezan a no respetar nuestro trabajo, y acaban como en 2006, en la escuela de un equipo profesional, a decidir cargarse la carrera de un futbolista con progresión. Porque si, nosotros tenemos una gran responsabilidad: intentar que un chico consiga sus sueños, y una lesión no lo “jubile” con 19 años.

Pues llegó el primer día de entrenamiento de la pretemporada de 2006, y la mirada de los chicos, están ansiosas y tienen miedo. Ansiosas por empezar y miedo a no encajar,  lo que hace que los entrenamientos vayan a 100%, sin preparación, en fatiga y cargados de eses maldito componente exteroceptivo llamado estrés que se cepilla el LCA de un chico de 17 años, el primer día de entrenamiento.

Y llegas a tirarle de la tibia, engañándote a ti mismo diciéndote que no se lo ha roto. Y al final siempre es un sí, que la Resonancia Magnética Nuclear corrobora tu peores temores, decirle a un chico que está a 700 km de su familia y hogar, que no va a poder jugar a fútbol, y que ha dejado todo lejos para venir a  recuperarse de la lesión más pesada del fútbol.

Pero resulta que la operación es un éxito, la genética es muy buena, el talento es congénito y trabaja como un animal, y en 4 meses y medio está perfectamente,  hace entrenamientos específicos conmigo brutales, pero siempre  con control, porque su plastia está débil, pero aparentemente es un espartano, en calidad y en apariencia.

Y es cuando viene el maldito Factor X, resulta que un martes viene una selección a jugar un amistoso, y el club les promete un partido para hacer caja.  Y es mi día libre. Y claro son impares, y juegan los que no lo hacen de manera habitual, donde la ansiedad y el miedo vuelven como el primer día. En el lateral izquierdo, el cuerpo técnico sin contar con el médico, ha decidido mandar a la mierda tu trabajo de 4 meses y medio, y sus sueños.

Porque los jugadores de fútbol, quiere jugar a fútbol, y se nota bien, pero su plastia, no soporta ni la ansiedad, ni el miedo, ni el descontrol de un partido. Y zas… maldito Factor X.

Al día siguiente, jamás olvidaré cuando entré en la enfermería y lo vi, rompió a llorar nada más verme, y yo hice lo mismo, todo empezaba de nuevo, pero esta vez ni la operación fue un éxito, ni la genética tan buena y el talento estaba agotado, porque esa rodilla jamás volvería a ser la misma y lo jubilaron, matando sus sueños.

Ese mismo día me prometí que lucharía por el respeto de nuestra profesión y hoy llevo por bandera un lema que me enseño un gran profesional que ama la fisioterapia y respeta el trabajo de los demás, pero no por encima del suyo.

UN FISIOTERAPEUTA RECUPERA PARA ENTRENAR, UN PREPARADOR FISICO PARA COMPETIR Y UN ENTRENADOR PARA RENDIR.

El tiempo me llevo a Rusia, a dos equipos, en el primero  mi entrenador me dijo un día,  AQUÍ EL MÁS IMPORTANTE ERES TU, PORQUE SI NO TRABAJAS BIEN, NI YO PUEDO ENTRENAR NI DIEGO PUEDE PREPARARA  FÍSICAMENTE A NADIE, y en mi segundo equipo MI ENTRENADOR RENUNCIÓ A SU CONTRATO PORQUE NO RESPETABAN MI TRABAJO.

Y resulta que el Factor X es de los entrenadores con miedos, mediocres y sin confianza en su trabajo y necesitan controlar todo, pero así les va, se mueren en escuelas hasta que se van a su pueblo a entrenar. Otros en cambio, los que respetan nuestro trabajo, están como entrenadores en el mejor club de fútbol sala del mundo y son nombrados mejores entrenadores del mundo en 2013.

SIMPLEMENTE PORQUE SABEN QUE EL FACTOR X, pueden acabar con la vida profesional del futbolista.

Posts que te podrían interesar...

Si te gusta, compárteloTweet about this on TwitterShare on FacebookShare on Google+Share on LinkedInPin on Pinterest
 
The following two tabs change content below.
Graduado en Fisioterapia (CEU Cardenal Herrera). Máster en Fisioterapia Deportiva y Readaptación (UV). Actualmente fisioterapeuta del Juvenil División de Honor del Levante U.D. Apasionado del deporte en general y de mi profesión,

Latest posts by Luis Escudero Soria (see all)